Hacemos clic en decenas de enlaces al día, pero casi nunca nos paramos a pensar por qué pulsamos precisamente ese. Un equipo de la Universidad de Carleton demostró que la primera impresión de una página web se forma en 50 milisegundos. Ese estudio no midió la decisión de hacer clic en un enlace, pero la idea de que el aspecto define la impresión en un instante también sirve para los enlaces.
La relación entre la longitud de la URL y la tasa de clics se explica por la llamada fluidez de procesamiento, un concepto de la psicología cognitiva. Una URL corta se capta de un vistazo y transmite, sin que lo notemos, una impresión de confianza y seguridad. Se suele decir que, cuanto más larga y enrevesada parece una URL, más usuarios dudan antes de hacer clic.
Las palabras dentro de la URL influyen en los clics a través del efecto priming: términos positivos como `sale` o `free` predisponen a expectativas favorables. Se suele decir que los slugs con palabras con significado rinden mejor que las cadenas aleatorias, pero apenas hay comparaciones publicadas, así que conviene comprobarlo con un test A/B en tus propios enlaces.
Los nombres de marca en la URL generan confianza gracias al efecto halo. Se suele decir que las URLs cortas con dominio de marca consiguen mejor CTR que las de un dominio genérico (bit.ly). Y es que hay usuarios que sienten desconfianza ante una URL corta de un dominio que no conocen.
La prueba social también pesa lo suyo. Al final, hacer clic es el resultado de una interacción compleja entre el aspecto de la URL, el contexto, la credibilidad de quien comparte y nuestros propios sesgos inconscientes.