Las URLs de internet se diseñaron sobre el supuesto del inglés (en rigor, de los caracteres ASCII). Una dirección como `https://www.example.com/about` resulta natural para un angloparlante, pero para los miles de millones de personas cuya lengua materna es el japonés, el chino, el árabe o el hindi no deja de ser una ristra de caracteres extranjeros. ¿Pueden las URLs superar la barrera del idioma?
En 2003 se formalizó la especificación de los nombres de dominio internacionalizados (IDN, Internationalized Domain Names), que abrió los nombres de dominio a caracteres no ASCII: pasaron a ser técnicamente posibles dominios como 日本語.jp en japonés, 中文.cn en chino o مثال.مصر en árabe. En Japón, el registro de dominios en japonés bajo `.jp` arrancó en 2001, con nombres como 総務省.jp o 東京.jp. Su implantación, sin embargo, sigue siendo baja: en 2026, de los cerca de 1,7 millones de dominios `.jp` registrados, solo unos 100.000 (en torno al 6%) son dominios en japonés.
Las razones de esa baja adopción son varias. La primera, la incomodidad de la escritura: para teclear un dominio japonés en la barra de direcciones hay que cambiar al modo de entrada japonés, escribir los kanji o el hiragana y convertirlos, mientras que un dominio en inglés se teclea tal cual con caracteres alfanuméricos. La segunda, el problema de la conversión Punycode: el dominio japonés 例え.jp se convierte internamente en `xn--r8jz45g.jp`, y en las direcciones de correo y en algunas aplicaciones lo que acaba mostrándose es ese Punycode, una cadena sin ningún sentido para el usuario.
En el mundo arabófono, el problema lingüístico de las URLs es todavía más enrevesado. El árabe se escribe de derecha a izquierda (RTL, Right-to-Left), en contradicción frontal con la notación de izquierda a derecha de las URLs. Al incrustar en un texto árabe una URL con dominio en árabe, las direcciones de escritura se mezclan y la presentación puede romperse. Es el llamado "problema BiDi" (bidireccional), que se intenta atajar en el propio estándar Unicode, aunque de momento sin una solución completa.
Las URLs cortas desempeñan un papel inesperado en el internet multilingüe. Al ser cadenas alfanuméricas breves e independientes del idioma, cualquier usuario puede teclearlas y compartirlas exactamente igual: convertir la larga URL de un dominio japonés en `bit.ly/xxxxx` elimina de un plumazo la incomodidad de la escritura y el problema del Punycode. Resulta irónico: como herramienta para saltar la barrera del idioma funciona mejor, en la práctica, una URL corta basada en el inglés que los nombres de dominio internacionalizados creados precisamente para el multilingüismo. El problema lingüístico de las URLs sigue siendo una asignatura pendiente, atrapada entre un hecho histórico (internet nació en el mundo anglófono) y una realidad (lo usa el planeta entero).