"¿No sería divertido entrar en una web con el emoji de la pizza?". De esa ocurrencia nacieron los dominios emoji. En 2001 se aprobó la especificación de los nombres de dominio internacionalizados (IDN, Internationalized Domain Names), que permitió usar caracteres no ASCII en los nombres de dominio; interpretada con manga ancha, también debería dar cabida a los emojis. De hecho, en 2015 Coca-Cola empleó una URL emoji en una campaña para Puerto Rico y dio mucho que hablar. Sin embargo, llevar los dominios emoji a la práctica tropieza con bastantes más muros de lo que cabría imaginar.
El mayor obstáculo técnico es la conversión Punycode. Como el sistema de nombres de dominio (DNS) solo procesa caracteres ASCII, todo dominio que contenga un emoji se transforma en una cadena ASCII mediante la codificación llamada Punycode: el dominio `🍕.ws`, con el emoji de la pizza, se convierte en `xn--vi8h.ws`. La barra de direcciones muestra el emoji, pero por dentro el navegador está manejando `xn--vi8h.ws`. Esta conversión no siempre se procesa bien en las direcciones de correo y en ciertas aplicaciones, lo que recorta mucho la utilidad práctica de estos dominios. Además, la cadena resultante es ininteligible para una persona, y eso abre la puerta a los abusos: la "а" cirílica (Unicode U+0430) y la "a" ASCII (U+0061) son casi idénticas a simple vista, y ya se han documentado "ataques homógrafos" que explotan ese parecido con fines de phishing.
Los casos de empresas que registraron y explotaron dominios emoji tienen su miga. En 2015, la aerolínea noruega Norwegian Air registró `👍.ws`, con el emoji del pulgar hacia arriba, para promocionar sus rutas a Estados Unidos, y lo redirigió a la página de billetes de bajo coste; la campaña arrasó en las redes sociales, y el golpe de efecto de "una URL de un solo emoji" aceleró el boca a boca. En Japón, en 2016 se registró `🍣.ws`, con el emoji del sushi, que redirigía a la web de reservas de un restaurante. Aun así, casi todos estos dominios responden a campañas temporales en busca de notoriedad; que uno funcione como dirección permanente de un sitio web es rarísimo.
La razón principal de que los dominios emoji no cuajen es lo difícil que resulta escribirlos. En el teclado del ordenador hay que abrir la paleta de emojis y buscar el dibujo exacto, un engorro considerable cuando se teclea una URL a mano; en el móvil el teclado emoji viene de serie, pero escribir un emoji en la barra de direcciones no es precisamente un gesto natural. A esto se suma que cada plataforma dibuja los emojis a su manera (el mismo emoji luce distinto en Apple, Google y Microsoft), de modo que ni siquiera queda claro "qué emoji hay que teclear". En definitiva, los dominios emoji se han quedado en la casilla de lo técnicamente posible pero poco práctico. Eso sí: si los asistentes de voz evolucionan hasta que baste con decir "abre la web de la pizza", puede que los dominios emoji conozcan una segunda oportunidad.