Una cadena de redirecciones ocurre cuando una URL redirige a otra URL, que a su vez redirige a otra URL más, creando una secuencia de múltiples saltos antes de llegar al destino final. Por ejemplo, la URL A redirige a la URL B, que redirige a la URL C, que finalmente sirve el contenido. Cada salto adicional supone un viaje de ida y vuelta más en la red, y un salto más que el rastreador debe seguir antes de llegar a la página final.
Las cadenas de redirecciones surgen comúnmente durante migraciones de sitios, reestructuraciones de URL o cuando se superponen múltiples servicios de acortamiento de URL. Con el tiempo, a medida que las URL se actualizan sin limpiar las redirecciones antiguas, las cadenas pueden crecer a tres, cuatro o más saltos. Cada salto adicional añade tiempo de ida y vuelta en la red y aumenta el riesgo de que la cadena se rompa si alguna URL intermedia deja de estar disponible.
Mantener las cadenas cortas, idealmente un solo salto desde el origen al destino, evita esos viajes de ida y vuelta adicionales. La documentación de Google Search Central indica que los rastreadores de Google siguen hasta 10 saltos de redirección de forma predeterminada y que el límite puede variar según el rastreador de cada producto (a agosto de 2026). Cada salto adicional es una solicitud más que el rastreador realiza antes de llegar al contenido que se sirve finalmente.
Para identificar y corregir cadenas de redirecciones, utilice herramientas como Screaming Frog, Ahrefs o las herramientas de desarrollo del navegador para rastrear la ruta completa de redirección. La solución es sencilla: actualizar cada redirección en la cadena para que apunte directamente al destino final, eliminando los saltos intermedios.