En internet circulan numerosas leyendas urbanas y supersticiones sobre los enlaces: que hacer clic en una URL corta contagia virus, que todos los enlaces de bit.ly son sospechosos o que escanear un código QR permite secuestrar el teléfono. Ninguna de estas afirmaciones es una mentira completa, pero casi todas están enormemente exageradas. Con los conocimientos adecuados, no hay motivo para temer a las URLs cortas más de la cuenta.
Mito 1: "hacer clic en una URL corta basta para infectarse con un virus". En esencia, es falso. Al pulsar una URL corta, el navegador consulta primero el servidor del acortador y recibe una respuesta de redirección; ese proceso, por sí solo, no puede infectar nada. El riesgo aparece cuando el sitio de destino contiene código malicioso, pero eso mismo ocurre con cualquier URL larga. Si las URLs cortas cargan con esa fama es porque ocultan el destino y pueden usarse para conducir a sitios maliciosos. Aun así, los navegadores actuales incorporan protecciones como Google Safe Browsing, que bloquea de forma automática el acceso a los sitios dañinos ya conocidos.
Mito 2: "todos los enlaces de bit.ly son sospechosos". Bitly es el mayor acortador de URLs del mundo y buena parte de las empresas de la lista Fortune 500 lo utiliza de manera oficial. Sus enlaces no son sospechosos por naturaleza: lo que ocurre es que, al tratarse de un servicio gratuito y abierto a cualquiera, también los usuarios malintencionados pueden emplearlo. Es una generalización del mismo calibre que decir que "el correo electrónico es peligroso": el correo en sí no lo es, los mensajes de phishing sí. De igual modo, bit.ly no es peligroso; los enlaces de phishing que se apoyan en él, sí. Lo decisivo no es el dominio del enlace, sino su contexto: quién lo comparte y en qué circunstancias.
Mito 3: "escanear un código QR permite secuestrar el móvil". Un código QR es un simple contenedor de datos: no se le puede inocular un virus ni malware. Lo único que guarda son datos como URLs o texto, y el mero hecho de escanearlo no entrega el control del teléfono a nadie. El riesgo real surge si la URL que contiene apunta a un sitio malicioso, un problema común a cualquier enlace y no exclusivo del QR. Eso sí: existe el "QR jacking", la técnica de pegar sobre un código impreso en carteles o folletos una pegatina con otro código distinto. Ante un QR colocado en un lugar público, conviene acostumbrarse a comprobar que no lleva una pegatina superpuesta.
Mito 4: "las URLs cortas perjudican el SEO". Verdad a medias. Una URL corta no hace bajar por sí misma la posición en los resultados de búsqueda: John Mueller, de Google, ha declarado oficialmente que las URLs cortas con redirección 301 transfieren correctamente el PageRank. Ahora bien, si el acortador emplea redirecciones 302 (temporales), la transferencia puede quedar incompleta; y si el servicio cierra y sus enlaces dejan de funcionar, el valor de esos enlaces entrantes se pierde. Desde la óptica del SEO, lo sensato es usar la URL directa en los enlaces importantes y reservar las URLs cortas para usos pasajeros como las redes sociales o el correo.
En el fondo, la mayoría de estas leyendas nace de sobrestimar el riesgo. Una URL corta es como un cuchillo de cocina: la herramienta no es buena ni mala, todo depende de cómo se use. La verdadera cultura de enlaces no consiste en rechazar las URLs cortas por sistema, sino en leer el contexto, tratar con cautela los enlaces dudosos y usar con tranquilidad los que merecen confianza. El miedo excesivo solo sacrifica, sin necesidad alguna, la comodidad que las URLs cortas nos ofrecen.