"Mira esta URL, aquí está escrita la verdad". Las direcciones compartidas en las redes sociales junto a mensajes de este tipo han tenido un papel central en la difusión de teorías conspirativas y noticias falsas. La URL es la puerta de entrada a la información, y la psicología humana, que pulsa sin comprobar adónde conduce esa puerta, acelera la circulación de la desinformación.
Las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 pusieron el foco mundial sobre la relación entre las noticias falsas y las URLs. Según una investigación de BuzzFeed News, en los 3 meses previos a la votación los artículos de los sitios de noticias falsas generaron en Facebook más interacciones (reacciones, comparticiones y comentarios) que los de los grandes medios. Aquellos sitios empleaban dominios que imitaban a medios reales, como `denverguardian.com` o `abcnews.com.co`. El dominio `.com.co` es el de Colombia, pero a simple vista parece una variante de `.com`, y esa ambigüedad fue aprovechada por los sitios de noticias inventadas.
Las URLs cortas facilitaron todavía más la propagación. Como ocultan el dominio de destino, hasta una dirección sospechosa como `abcnews.com.co` se vuelve indistinguible una vez convertida en `bit.ly/xxxxx`. Un estudio del MIT de 2018 halló que en Twitter la información falsa se retuiteaba con una probabilidad un 70% mayor que la verdadera y se propagaba 6 veces más rápido. Las URLs cortas son uno de los factores que aceleran aún más esa velocidad.
Las plataformas han ido tomando medidas apoyadas en las URLs. Facebook introdujo un aviso que aparece al intentar compartir la URL de un dominio denunciado como fuente de noticias falsas; Twitter (hoy X) escanea automáticamente los destinos de los enlaces incluidos en los tuits y etiqueta los que conducen a sitios de desinformación o de distribución de malware ya conocidos; Google sigue afinando los algoritmos que apartan a estos sitios de sus resultados de búsqueda.
Pero estas defensas tienen sus límites. Cada día se registran decenas de miles de dominios nuevos, y los sitios de noticias falsas se mudan a un dominio recién estrenado en cuanto los detectan. Los acortadores también incorporan mecanismos para detectar y bloquear los enlaces maliciosos, pero las URLs de los sitios recién creados escapan al filtro hasta que las bases de datos las registran. Al final, la defensa más eficaz es la cultura digital del propio usuario: comprobar el dominio de la URL, previsualizar el destino de los enlaces cortos y contrastar la fiabilidad de la fuente en varios medios distintos. Esos hábitos básicos son la última muralla capaz de frenar la expansión de las noticias falsas.