`gogle.com`, `gooogle.com`, `googel.com`. ¿Has entrado alguna vez en alguno de estos dominios? Registrados para cazar a los usuarios que se equivocan al teclear la URL de Google, son el ejemplo de manual del "typosquatting", un negocio (o una estafa) que consiste en registrar dominios parecidos a los de sitios web famosos para quedarse con el tráfico de las erratas. Por increíble que parezca, este negocio de los dedos torpes mueve un mercado anual de miles de millones de dólares.
El volumen de tráfico del typosquatting supera lo imaginable. Un estudio de Palo Alto Networks (Unit 42) publicado en 2020 observó 13.857 dominios de squatting registrados solo en diciembre de 2019, y señaló que las categorías más imitadas son las de mayor uso, como los buscadores, las compras y la banca. En un sitio con miles de millones de visitas mensuales como Google, basta con que una fracción mínima de las erratas acabe en el dominio falso para acumular un tráfico enorme. Los typosquatters lo monetizan con páginas de aparcamiento repletas de anuncios, redirecciones a enlaces de afiliados, desvíos hacia la competencia o directamente sitios de phishing. Hay informes que atribuyen a 1 solo dominio con errata de un sitio popular entre 5.000 y 50.000 dólares anuales en ingresos publicitarios.
Los patrones de las erratas tienen su lógica. El más común es pulsar la tecla vecina, predecible sobre la disposición del teclado QWERTY: en `google.com`, pulsar la `f` o la `h` contiguas a la `g` produce `foogle.com` o `hoogle.com`, y pulsar la `i` o la `p` contiguas a la `o` produce `gigle.com` o `gopgle.com`. Le sigue la omisión de letras, como `gogle.com` (falta 1 `o`) o `goole.com` (falta 1 `g`), y son también frecuentes la duplicación (`gooogle.com`) y el baile de letras (`googel.com`). Los typosquatters analizan estos patrones de manera exhaustiva y registran por adelantado los dominios que prometen tráfico.
La relación entre las URLs cortas y el typosquatting tampoco es menor. Como erratas de `bit.ly` se han registrado dominios como `bit.iy` (la L minúscula confundida con una I mayúscula), `blt.ly` (la i leída como una l) o `bit.1y` (la l tomada por un 1). Al tener tan pocos caracteres, en una URL corta un error de 1 sola letra resulta fatal: con una URL normal, equivocarse en el dominio simplemente impide llegar a la página buscada; con una URL corta, la errata puede conducir a un sitio completamente distinto.
Las empresas se defienden del typosquatting por 3 vías principales. La primera es el "registro defensivo": adquirir por adelantado las variantes con errata del propio dominio y redirigirlas al sitio legítimo; Google posee cientos de dominios como `gogle.com`, `gooogle.com` o `googel.com`, todos redirigidos a `google.com`. La segunda es la vía legal: el procedimiento de resolución de disputas de ICANN (UDRP, Uniform Domain-Name Dispute-Resolution Policy) permite reclamar la transferencia o la cancelación de los dominios de typosquatting. La tercera, los servicios de vigilancia de marca, que detectan a tiempo los registros nuevos de dominios con errata para tomar medidas. Un error tan pequeño como una tecla mal pulsada sostiene negocios enormes y pleitos interminables: el mundo de las URLs está íntimamente ligado a la imperfección humana.