Una URL puede cambiar una vida, para bien y para mal. Hay "millonarios de los dominios" que registraron un nombre con visión de futuro y lo vendieron por millones de dólares, y hay también quien perdió su patrimonio engañado por una URL falsa.
El ejemplo clásico de millonario de los dominios es Chris Clark. En 2008 registró el dominio `pizza.com` por apenas unos dólares, montó sobre él un sitio de información sobre pizzas y en 2014 lo vendió por 2,6 millones de dólares. En la misma línea, `beer.com` se negoció por 7 millones y `sex.com` por 13 millones. Estos "dominios de nombre común" reciben mucho tráfico orgánico desde los buscadores y generan varios cientos de miles de dólares al año solo en publicidad, lo que los convierte en objetos de inversión muy codiciados.
También hay gente que se gana la vida con los ingresos publicitarios de las URLs cortas. Los "acortadores monetizados" como Adf.ly o Shorte.st muestran un anuncio a quien hace clic en el enlace y reparten una parte de los ingresos con el creador del enlace. Hay quien ingresa miles de dólares al mes creando en masa URLs cortas de contenidos populares, como mods de videojuegos o enlaces de descarga de software. El método, eso sí, arrastra reproches éticos: anuncios forzosos que estropean la experiencia de usuario y riesgo de publicidad con malware.
En el reverso de la moneda están las vidas que una URL oscureció. "¡Enhorabuena! Ha ganado 1 millón de yenes. Complete el trámite de cobro en esta URL". Las víctimas que pulsan el enlace de estas falsas notificaciones de premio y entregan sus datos personales o de tarjeta de crédito siguen sin cesar en 2026. Según el Centro Nacional de Asuntos del Consumidor de Japón, las consultas por daños de falsos premios suman varios miles al año en el país, con perjuicios que van desde decenas de miles hasta millones de yenes por víctima.
Hay casos en los que el momento de registrar un dominio cambió un destino. En 1994, Josh Quittner registró `tv.com`; por entonces casi nadie veía valor comercial en los dominios y mantenerlo costaba unos 100 dólares al año. Tiempo después, la CBS compró `tv.com` por varios millones. Del mismo modo, quienes registraron en la década de 1990 dominios de nombre común como `cars.com`, `loans.com` o `travel.com` acabaron vendiéndolos por cifras de millones o de decenas de millones de dólares. La URL es el "suelo" del mundo digital: se adquiere por orden de llegada y su valor fluctúa con el tiempo. Las personas con vista que registraron dominios en los años noventa cambiaron su vida, literalmente, gracias a una URL.