Los nombres de dominio no admiten espacios ni distinguen mayúsculas de minúsculas, así que los límites entre palabras se difuminan. Esa peculiaridad ha engendrado los "dominios desafortunados", nombres que sin querer se leen como otra cosa, y la historia de internet está llena de ejemplares que obligan a mirar dos veces.
Uno de los dominios desafortunados más célebres es `penisland.net`, la web de una tienda de bolígrafos llamada "Pen Island" que, sin el espacio, se lee de un modo muy distinto. Lo mismo le ocurre a `therapistfinder.com`, un buscador de terapeutas ("Therapist Finder") que también puede leerse como "the rapist finder", o a `whorepresents.com`, un directorio de representantes artísticos ("Who Represents") con una doble lectura inevitable. Todos ellos ilustran un problema estructural: en un dominio, las fronteras entre las palabras inglesas desaparecen. En los dominios japoneses el fenómeno es raro, pero puede reproducirse en los escritos con alfabeto latino.
También hay sitios que eligieron la rareza a propósito. `zombo.com` existe desde 1999: al entrar, solo se oye una voz que repite en bucle "You can do anything at zombo.com". Lleva más de 20 años sirviendo exactamente el mismo contenido y se le venera como fósil viviente de la cultura de internet. `isitchristmas.com` se limita a decir si es Navidad: muestra "NO" todos los días salvo el 25 de diciembre, único día en que responde "YES". Un concepto absurdamente simple que, cada año por esas fechas, vuelve a circular por las redes sociales.
La longitud también tiene sus plusmarquistas. `thelongestdomainnameintheworldandthensomeandthensomemoreandmore.com`, conocido como el dominio más largo del mundo, agota los 63 caracteres permitidos. La especificación del DNS fija en 63 caracteres la longitud máxima de cada etiqueta (cada tramo separado por puntos) y en 253 la del nombre de dominio completo. En el extremo opuesto, los dominios más cortos tienen 1 sola letra: `x.com` (el actual Twitter / X), `t.co` (el acortador de Twitter) o `g.co` (el de Google). Los dominios de 1 carácter son tan escasos que llegan a venderse por varios millones de dólares.
Los dominios de país usados fuera de contexto son otro filón de rarezas. Ya hemos visto el `.tv` de Tuvalu en las webs de televisión y el `.io` del Territorio Británico del Océano Índico entre las tecnológicas, pero hay más: el `.co` de Colombia funciona en todo el mundo como abreviatura de "company", el `.me` de Montenegro triunfa en las páginas personales porque significa "yo" en inglés, y el `.to` de Tonga hace de preposición inglesa "to" en servicios de redirección. El nombre de dominio es la dirección de internet y, al mismo tiempo, el cruce donde la creatividad humana juega con los caprichos del idioma.