Entierra una cápsula del tiempo en el patio del colegio y desentiérrala 20 años después: las cartas y las fotos estarán descoloridas, pero se podrán leer. Ahora bien, si dentro metes un papel con una URL escrita, ¿seguirá vivo ese enlace 20 años más tarde? La respuesta es, casi con total seguridad, que no.
Los estudios sobre la vida de las URLs arrojan cifras demoledoras. Según una investigación de la facultad de Derecho de Harvard de 2014, alrededor del 49% de las URLs citadas en las sentencias del Tribunal Supremo de Estados Unidos ya estaba roto en el momento de la consulta. Otro estudio del equipo de Harvard publicado en 2021 halló que el 72% de los enlaces contenidos en los artículos de 1998 del New York Times ya no funcionaba. Y si nos ceñimos a las URLs cortas, el panorama es aún peor: un estudio de 2014 documentó que en torno al 61% se rompe en menos de 2 años. Estadísticamente, la probabilidad de que la URL corta creada hoy siga viva dentro de 10 años es muy baja.
¿Por qué son tan efímeras las URLs? La causa principal es el fenómeno conocido como "putrefacción de enlaces" (link rot): rediseños del sitio web, dominios caducados, servidores apagados, contenidos borrados... el destino de la redirección desaparece por mil motivos distintos. Las webs corporativas, en particular, se renuevan de media cada 2 o 3 años, y al hacerlo suele cambiar la estructura de URLs, con lo que las direcciones antiguas quedan rotas. En los blogs y las webs personales el riesgo es todavía mayor: el interés del autor cambia o el servicio de hosting cierra.
Los esfuerzos para hacer llegar las URLs al futuro avanzan por varios frentes. El más célebre es la Wayback Machine de Internet Archive, en marcha desde 1996: guarda instantáneas periódicas de la web entera y en 2026 atesora más de 800.000 millones de páginas archivadas. Aunque una URL esté rota, si la Wayback Machine conserva una copia se puede consultar la página tal y como era entonces. En el ámbito académico destaca Perma.cc, un servicio desarrollado por la facultad de Derecho de Harvard que ofrece archivos permanentes de las URLs citadas en artículos científicos y documentos legales: quien cita registra la URL en Perma.cc, se guarda una instantánea perpetua de la página y, si el enlace original muere, el archivo sigue siendo accesible.
También se investiga la permanencia de las URLs con tecnología de cadena de bloques. IPFS (InterPlanetary File System) es un sistema de archivos distribuido que usa como dirección el hash del contenido; al no depender de un servidor concreto, en teoría el contenido sigue accesible aunque un servidor se apague. Pero IPFS tiene su talón de Aquiles: si todos los nodos que guardan un contenido se detienen, los datos se pierden. A fin de cuentas, la permanencia digital depende de que alguien siga asumiendo el coste de mantener los datos vivos. La carta de papel de la cápsula del tiempo se podrá leer dentro de 20 años; la URL, si nadie la mantiene, se esfumará en unos pocos. El mundo digital es mucho más frágil de lo que creemos.