La dirección IP (Internet Protocol Address) es el número que se asigna a todos los aparatos conectados a internet. Igual que sin número de teléfono no se puede recibir una llamada, sin dirección IP no se pueden intercambiar datos por la red.
Actualmente conviven 2 tipos de direcciones IP. IPv4 tiene la forma de 4 números separados por puntos, como 192.168.1.1, y permite crear unos 4.300 millones de direcciones; la explosión de smartphones, ordenadores y dispositivos IoT las dejó cortas. Para resolverlo llegó IPv6, con un formato largo del estilo de 2001:0db8:85a3::8a2e:0370:7334, capaz de ofrecer un número de direcciones prácticamente ilimitado.
También se distingue entre IP global e IP privada. La global es única en todo internet y puede identificarse desde cualquier parte del mundo; la privada solo se usa dentro de la red interna de una casa o de una escuela. Los distintos aparatos conectados al Wi-Fi doméstico comparten 1 sola IP global a través del router.
Los servicios de URLs cortas registran la dirección IP de quien hace clic en el enlace y la aprovechan para la analítica de accesos. Como a partir de la IP se puede estimar la zona geográfica aproximada (a escala de país o de ciudad), es posible analizar, por ejemplo, desde qué países llegan más visitas. Eso sí: con la dirección IP sola normalmente no se puede identificar a una persona concreta.
La dirección IP la asigna el ISP (el proveedor de acceso a internet) y puede ser dinámica, si cambia con cada conexión, o fija, si siempre es la misma. En los hogares, lo habitual es la IP dinámica.