El límite de 140 caracteres de Twitter se remonta a los SMS. Un SMS admite 160 caracteres por mensaje, y Jack Dorsey diseñó el sistema reservando 20 para el nombre de usuario, lo que dejaba 140 para el texto. El propio límite de 160 caracteres del SMS tiene un origen fascinante: el ingeniero alemán Friedhelm Hillebrand analizó postales y mensajes comerciales y concluyó que la mayoría cabía en 160 caracteres.
Compartir URLs en 140 caracteres resultó más difícil de lo previsto: una URL típica de 2008 medía entre 50 y 100 caracteres. Eso impulsó el crecimiento explosivo de bit.ly y de servicios similares. En 2011, Twitter lanzó `t.co`.
Cuando Twitter amplió el límite a 280 caracteres en 2017, la demanda de URLs cortas no bajó, y por tres razones: las URLs largas siguen estropeando la legibilidad, las URLs cortas aportan valor más allá del ahorro de caracteres y otras plataformas mantienen sus restricciones de espacio.
Lo curioso es que las URLs cortas perviven incluso en plataformas sin límite de caracteres, señal de que su valor ha pasado del ahorro de caracteres a la gestión, el análisis y la estética de los enlaces.