El mapa de calor es la técnica de análisis que visualiza, mediante la intensidad del color (rojo donde hay mucha actividad, azul donde hay poca), dónde hacen clic los usuarios de una página web, hasta dónde bajan con el scroll y hacia dónde dirigen la mirada. Permite captar de manera intuitiva patrones de comportamiento que los datos numéricos por sí solos no dejan ver.
Hay principalmente 3 tipos: el mapa de calor de clics (muestra las posiciones donde el usuario ha hecho clic o ha tocado), el de scroll (hasta qué punto de la página se ha leído) y el de atención (las zonas donde el usuario permanece más tiempo).
Un descubrimiento típico que estos mapas sacan a la luz es que los usuarios no llegan a la parte baja de la página. En la mayoría de las webs, el porcentaje de visualización se desploma en cuanto se supera la primera pantalla (lo que se ve sin hacer scroll). Según un estudio de Hotjar, en una página web media, al 20% final del contenido llega menos del 20% del total de los usuarios.
Para optimizar las páginas de destino de las URLs cortas, el mapa de calor resulta insustituible: en la página a la que apunta el enlace de una campaña permite verificar si el botón de llamada a la acción (CTA) recibe clics de verdad y si alguna información importante está pasando desapercibida por falta de scroll. El flujo de trabajo típico consiste en recolocar el CTA a partir de lo que muestra el mapa de calor y mejorar así la tasa de conversión.
Entre las herramientas más conocidas están Hotjar, Microsoft Clarity (gratuita) y Mouseflow. Microsoft Clarity, pese a no costar nada, ofrece mapas de calor de clics y de scroll además de grabaciones de sesión, lo que facilita su adopción incluso en los sitios pequeños.